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El úLtiMo FiN

Pregunté a las aguas y me dieron tu nombre.
Suave, en un susurro húmedo.

Ondas rozando mis labios abiertos
en aguas rotas que alumbran imaginarios.
Mi imaginario, 
tu imaginario, 
su imaginario, 
nuestro imaginario.

Ondinas glaciares,
azul infinito
secretos.

Secretos a voces.





DeSdE eL JaRdíN

Ella apareció sin ser llamada.
Era costumbre entre la especie germinar y florecer con brevedad.
Buscar un pedazo de tierra en el que yacer y comenzar de nuevo el ciclo,
alternando tiempos cortos de barbecho y siembra.
Cada flor conocía el momento exacto, y, como fuegos artificiales sincronizaban su danza en la tierra fértil.
Cada florecer era una nueva vida, corta e intensa.
Un despertar al mundo con ojos nuevos. Florecer en nombre de la belleza, siguiendo el ritmo que marca el pulso del amor.
Pero ella era diferente.
Su tallo móvil le permitía desplazarse por la tierra, trepar a los árboles y sumergirse en las aguas.
Nunca antes habían visto algo así. No se marchitaba tan rápido y su luz se mantenía en el tiempo como una antorcha ingrávida.
Pronto observaron algo peculiar en su comportamiento.
Ella giraba leyendo en cada florecer la partitura de colores que las hacía únicas.
Comenzó el juego que les condujo al espacio del no tiempo, entre melodías cromáticas, hasta que, de pronto ella se detuvo.
El viento fue descomponiendo su silueta congelada en partículas cristalinas que volaban, como estrellas, hacia el infinito.

Siguieron floreciendo. Era costumbre entre la especie germinar y florecer con brevedad al ritmo que marca el pulso del amor.

FloReS

Roja como un corazón, caminaba recogiendo flores entre el verde.
Flores con formas exóticas: fucsias, amarillas y azules.
Flores de trenza, rizadas y bermejas.
Flores sutiles y  aromáticas.
De pronto descubrió flores nuevas, únicas, nunca vistas.
Flores que se abrían y al momento se convertían en aire.
Flores que dibujaban ante sus ojos bellezas efímeras.
Atenta, la mirada sabía reconocer el sendero a través de las ramas
siguiendo las luces titilantes de aquella maravilla.
A veces tenía que cambiar la perspectiva, tumbarse en el suelo y voltear la cabeza.
Otras veces era preciso colgarse de la rama de un árbol para seguir el rastro de aquella especie peculiar.
Era tan rara su lindeza, tan sutil y tan breve que se esfumaba entre las manos si intentaba conservarla.
Contemplaba la nueva especie con una vaga sensación de nostalgia, con el vértigo que produce el vacío del hedonismo.
El tiempo se detuvo mientras contemplaba absorta aquel campo que florecía rítmicamente.

Solo existía el presente. El presente como regalo.

Poco después estalló el reloj de arena,
la imagen le congeló la retina
y despertó empapada en color,
sola, entre las sábanas blancas.



ViAjE a lAs pRoFunDiDaDeS


Invitación sutil al interior en conexión con lo externo.

Complejidad: búsqueda de lo simple.

Recovecos. Caminos. Túneles. Puentes. Cuevas. Llanuras.

Mis cuerpos sutiles en interrelación.
La mente buscando explicar emociones.
Emociones traducidas en movimiento.
Movimiento derrumbando la mente, derrumbando las emociones.
Trance.
Movimiento interno.
Movimiento externo.
Cuerpo.
Contacto.
Tierra.
Reptil.
Reptar.
Ojos abiertos.
Movimientos rápidos.
Movimientos lentos.
Reptar todo el espacio.
Trepar por la pared.
Mujer-araña.
Trascender el límite.
Abrazar la sombra.

Quietud.
Ojos cerrados.
Abrazo. Compañía. Acompañamiento.
Dejarse apoyar.
Ser una en la unidad.

El contexto.

Recorrer girando todos los rincones
buscando los huecos, mis huecos.
Abrir las alas.
Fluir, girar. La cadera me lleva, mis pies confían.
El grupo me abraza.

El subtexto.

El infinito dentro de cada célula.
Materia efímera. Dios experimentando la densidad.
Fidelidad.
Compromiso profundo de ida y vuelta, giro en un ocho infinito.
PARA QUÉS trazando el camino, guiando los pasos.

Realidad finita en cada momento.

Presente. Regalo.